Historia

La Imprenta del Congreso de la Nación fue fundada por la tenaz pasión del joven Juan Alfredo Trasande, un empleado encargado de las máquinas de escribir de la Cámara de Diputados, quien dio la idea de instalar un taller gráfico dentro de las dependencias mismas del Palacio Legislativo y de esa forma no tener que depender de terceros para la impresión de todo el material referente al quehacer parlamentario. Después de insistir reiteradas veces ante las autoridades del momento, pasaron algunos años hasta que, en 1932, se dictó la ley 11.601, que disponía la creación de la Imprenta del Congreso.

El joven Trasande pasó por varias categorías escalafonarias, desde oficial electricista, oficial principal, oficial mayor, regente, hasta que, el 1º de marzo de 1947, le fue otorgado el cargo de director, creado ese mismo año. Desde entonces hasta hoy, la Imprenta del Congreso de la Nación cumple la tarea de hacer letra impresa todo aquello que ambas Cámaras debaten, desde lo que comienza como proyecto hasta lo que termina en ley. En sus talleres se imprimieron obras de gran trascendencia política nacional e internacional, como, por ejemplo, La Conferencia Internacional Panamericana –reunida en Río de Janeiro entre el 26 de mayo y el 19 de junio de 1935–, obra de 240 páginas editadas en español, inglés, francés y portugués, o el Acta de Consolidación de la Paz –firmada en Buenos Aires en diciembre de 1934–, también en distintos idiomas.

La Imprenta cuenta desde su creación con artesanos encuadernadores que se fueron renovando hasta hoy en día, para cumplir con las exigencias de las obras de lujo encuadernadas en cuero con texto dorado y, en algunos casos, en cuero repujado y pintado a mano. Son de destacar los Martín Fierro realizados con motivo de las visitas de Charles de Gaulle y del rey Juan Carlos de España, las biblias repujadas en oro laminado para visitantes ilustres de la Iglesia Católica, los juegos de escritorio y agendas para la Presidencia de la Nación y la restauración de libros antiguos, llamados “incunables”, para la Biblioteca Nacional y la del propio Congreso de la Nación.

Caja forrada en cuero, repujada y pintada a mano, para la Constitución Nacional.

Caja forrada en cuero, repujada y pintada a mano, para la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


   
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